EL NARCISISMO ADOLESCENTE

 EL NARCISISMO ADOLESCENTE

Es curioso vivir en una época en la que la libertad de expresión es algo tan indeseado y reaccionario, como si fuera un elemento propiamente ideológico. Los movimientos sociales han confundido la realidad social con la cultura, y tratan de corregir a través de la cultura lo que en la realidad social parece impermeable a los cambios; véase el machismo, el racismo, la homofobia… Sin embargo, no parece que estos reductos sociales sean fáciles de eliminar a corto plazo, siquiera podemos pensar que no se pueden eliminar pese a que haya un amplio consenso social de que son nocivos. Estos elementos son claramente sospechosos de plantar la semilla de antiguas rémoras del pasado más oscuro, y deben ser combatidos en la cultura. Pero esa batalla por la emancipación social choca con otro elemento social que es la censura. Ese es el momento en el que estamos. Que alguien acuse a una canción, a una película, incluso a un libro de problemático, se convierte en un pretexto para erradicar la obra y castigar al autor. La pregunta es ¿Por qué? Yo creo que los nuevos censores puritanos creen que hay una correlación causa – efecto entre una obra y un efecto social. Cada vez más gente entiende que la libertad de expresión es cosa de derechas, reaccionario.

LA CASA DEL AHORCADO

No es prudente mencionar la soga en la casa del ahorcado, porque puedes incomodar, puedes ofender. Aunque, si no fuera porque el derecho a la libertad de expresión prevaleciera sobre el “derecho” a no sentirse ofendido, la tierra seguiría haciendo girar al sol a su alrededor, el hombre no descendería del mono, las mujeres serían consideradas inhábiles para los trabajos intelectuales y España seguiría siendo una teocracia. Esto es algo que los mal llamados activistas sociales no entienden. Si la libertad de expresión fuera un arma, solo sería un arma legítima en tanto en cuanto todos pudiéramos esgrimirla, tanto los que están equivocados como los que no. El problema es que en la casa del ahorcado la casa ya no tiene paredes. Por eso en Francia, unos cómicos hacen una caricatura de Mahoma y acaban muertos. Y cinco años después, no depurada esa ofensa, un profesor muestra la caricatura de Mahoma en su clase y es decapitado. Es verdad que la gente tiene derecho a sentirse incómoda y a ofenderse, pero eso solo te da derecho a decir lo ofendido que estás, punto. Siempre se habla de los tweets de Hasel, ahí se demuestra que son castigos fuera de lugar. No tienes derecho a proyectar tus ofensas sobre los demás, pero como ya no hay paredes en la casa del ahorcado, la soga se menciona constantemente fuera de donde debe mencionarse.

VÍCTIMAS DE LA CENSURA

La autocensura es buena. Yo puedo borrar un mensaje, un tweet, una opinión cuando después de escribirlo mi propia moral y mi propio criterio me dice que estoy equivocado, ejerces de censor en base a tu criterio. Pero si borras los mensajes por miedo a las represalias, eres una víctima de la censura. Quien tiene menos poderes es el que tiene más fuerza en un castigo, sobretodo en una sociedad posmoderna como ésta, donde se idolatra a la víctima y donde existen muchos parapoderes. Aunque haya situaciones donde económicamente y políticamente sea cierto que hay relaciones de poder y que no todos los colectivos tienen el mismo poder, se ve que socialmente hay colectivos que sí están discriminados en muchos ámbitos pero que tienen un poder inmenso para censurar y castigar. Hay ciertos asuntos que son sagrados, que conectan con ciertos tabúes y mecanismos antiguos primitivos, y con esos asuntos sagrados ni se puede frivolizar ni se puede hacer una crítica ni plantear debate porque puede hacer tambalear un dogma, y el castigo social es inmediato y muy duro. Esto se puede ver por ejemplo en EEUU. Objetivamente los negros tienen menos poder que los blancos, ya no solo a nivel poblacional, sino a nivel económico, de pobreza, de fracaso escolar. Pero, ¿Qué pasa en la cultura? Que es todo lo contrario. A la basura blanca le puedes hacer de todo, los blancos se tienen que arrodillar y pedir perdón por los crímenes del pasado, en televisión el mero hecho de decir la palabra “nigger” por parte de un blanco ya sirve de pretexto para un linchamiento público independientemente del contexto, ni que sea de manera irónica. Es interesante porque la libertad de expresión juega en otra liga distinta a las desigualdades sociales. Por eso los activistas de la igualdad social se han convertido en censores, porque tratan de forma constante de convencernos que la libertad de expresión juega en la misma liga que las desigualdades.

LA VERDAD Y LOS SENTIMIENTOS

El científico que hace el estudio lo hace para buscar la verdad, pero también se mueve de una manera emocional hacia allí. ¿Quién es más sentimental? ¿Galileo o la inquisición? Galileo hace lo que hace sabiendo lo que le va a pasar, por tanto, lo que le mueve a hacer las cosas son también sus propios sentimientos. Somos seres apasionados en buscar la verdad por sentimiento puro, hay veces que ese sentimiento coincide con la verdad racional y hay veces que no. Jonathan Haidt utiliza la metáfora del elefante y el jinete. La mente, es un jinete que va sobre un elefante. El jinete es la parte racional y el elefante es la parte emocional. La parte emocional, el elefante, tiene un poder enorme, mas el jinete tiene una inteligencia poderosa. Sucede a veces que el jinete quiere ir hacia un lado y el elefante a otro. Cuando ocurre esto, cuando la intuición emocional representada por la fuerza del elefante tira para un sitio, la razón a través de su inteligencia trata de justificar ese camino por erróneo que sea. Se puede ser un apasionado de la verdad, pero siempre se van a encontrar pretextos para defender lo indefendible si hay algo que ataca nuestros sentimientos. Una sociedad completamente racional creada en cuento a criterios morales objetivos puede ser una sociedad extremadamente virtuosa, pero también puede ser la banalidad del mal y de la barbarie. El tercer Reich es una sociedad racional hasta su extremo. Mediante una racionalidad se puede matar perfectamente a seis millones de judíos pensando que es lo que va a purgar la sociedad. Ahora sabemos que lo que movió el tercer Reich era un pánico tribal de ataque a una identidad desprovisto de sentimientos. Racionalmente podemos entender y defender algunas cosas que en la práctica no tienen por qué ser buenas por ser verdad.

EL NARCISISMO TRIBAL

Joseph Goebbels es la mente fría y racional capaz de manipular a las masas con una frialdad de lagarto. En los diarios de Joseph Goebblels, aquel propagandista nazi que dijo que una mentira repetida mil veces era una verdad, descubres que es un adolescente eterno. Goebbels es un tipo feo, cojo, bajito, que proyecta todas las inseguridades de un adolescente pernoctado, una especie de babosa miserable, desconfiado de los demás, que sin embargo logra convertirse en un gerifalte nazi encargado de la propaganda y con un narcisismo exacerbado e insaciable. Una persona como Goebbels busca constantemente algo que colme su inmenso narcisismo y su necesidad de sentirse grandioso. Nada de lo que tiene es suficiente y pese a ser consciente de sus inseguridades él se mira constantemente en el espejo. Ahí descubre todos sus defectos físicos y emocionales. Se ve bastante repulsivo, una especie de mantis religiosa llena de inseguridades. Entonces un día decide cambiar de espejo, y en lugar de mirarse en el espejo del “yo” decide mirarse en el espejo de la tribu, y ahí se ve dorado, el espejo le devuelve una imagen resplandeciente de sí mismo. Cuando Goebbels mira al espejo de su grupo identitario él no se ve a sí mismo, él ve los desfiles, ve el régimen, ve los estandartes nazis, los himnos…



En Goebbels vemos el enemigo de la sociedad abierta, que no es otro que el narcisismo tribal. Hay personas con un deseo de narciso insaciable que sin embargo el espejo les devuelve una imagen de sí mismos ciertamente penosa, pero que, al mirarse en el espejo de su identidad de grupo, de su ideología, se ven grandiosos. Ahí está el empuje al tribalismo, este es el proceso en el que está la sociedad. Este proceso ha sido acelerado por las redes sociales, unas máquinas que nos dicen cuántos likes tenemos, que un día pueden ser muchos y al siguiente pocos. Esos likes son oscilantes, y generan unas inseguridades terribles, todo el mundo puede opinar de ti ya que estás a la vista, con lo cual aumenta tu ego. Ese es nuestro proceso social. Gente que no se quiere a sí misma arrojándose a los brazos de la masa, gente que es débil e insegura pero que necesita de forma bulímica esa gasolina que su tribu le da. Y eso se ve en Instagram constantemente. Por un lado, el espejo personal: “Mi vida va fatal, saco malas notas, no me quiere nadie”. Por otro lado, el espejo ideológico identitario: “Hoy me siento la ostia, voy al 8M, voy a la Diada, voy al mitin de VOX.” El narcisismo Goebbelsiano en su máximo esplendor.

¿CÓMO HEMOS LLEGADO A ESTO?

Todos los imperios necesitan una religio. Religio es una palabra que no tiene que ver con creencias esotéricas ni religiosas de ningún tipo. Religio es aquello que une a una sociedad y que religa como una cuerda todas las creencias e identidades de un imperio mirando a un futuro mejor. Antes de 2008 nuestra religio era la creencia de que los hijos tienen que vivir mejor que los padres. Esa religio era lo suficientemente vaporosa y mundana como para que una persona de extrema izquierda y de extrema derecha estuvieran de acuerdo con este postulado. En 2008 pasó algo, y es que se rompió la religio al llegar la crisis. La religio de que los hijos viven mejor que los padres se quebró, ya nadie cree en eso. Ésta, era una creencia mejor que cualquier bandera, superior a las ideologías, superior a todo. Sin embargo, todo se fragmentó y las creencias se separaron y se refugiaron en pequeñas taifas. Nosotros estamos en ese momento. Las políticas de la identidad de izquierda y derecha son creaciones de taifas. Ya nadie cree que los hijos vayan a vivir mejor que los padres. Se podrá creer que algunos hijos van a vivir mejor que otros, pero ya no es una cosa generalizada. Desprovistos de esta religio, el tribalismo aparece como sustitución. En el momento en que quitas a Dios del trono las ideologías con un poder de atracción enorme a las masas son quienes ocupan el trono. Porque lo importante no es Dios, lo importante es el trono, y hay que poner algo, sino es Dios será la ideología de turno. Aquel que no cree en Dios, está dispuesto a creer en lo que sea, porque necesita algo a lo que agarrarse y justificar su existencia en el mundo. Si la religio no es común, si la religio es particular, la sociedad abierta que conocemos es irrealizable. Y en esas estamos, en medio de una guerra cultural por el trono, cada uno desde su trinchera ideológica que nos lleva inevitablemente a la decadencia y las tinieblas. Este proceso de corrosión ataca primero al Estado de derecho, a la igualdad de todos ante la ley. Si desde nuestra trinchera populista se ataca los jueces, a las leyes, se intenta sugerir que el sistema está escrito en su contra cada uno desde su tribu distinta, habrá un intento de voladura, donde el asalto al capitolio será finalmente el paso a una dictadura. El asalto al capitolio en EEUU se frenó únicamente por la fuerza de las instituciones. Si llega a suceder en otros países como Argentina, ahora mismo serían una dictadura. Por eso es necesario hacer una defensa de las instituciones ante el ataque frontal de los populismos ideológicos baratos. Así que, de nuevo, una reivindicación de alejarse de las ideologías se ve totalmente necesario, entender qué son y para qué han venido las políticas identitarias se hace absolutamente necesario de entender, pero eso es harina para otro costal.

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