NASSIM TALEB, CISNES NEGROS Y PREDICCIONES A LARGO PLAZO. EL IMPACTO DE LO ALTAMENTE IMPROBABLE.

 


Ayer fue el día del libro y no quería desaprovechar la ocasión para hablar de una obra que descubrí recientemente y que me tiene entusiasmado tanto por la forma como por el objeto de estudio que trata el autor.  

El impacto de lo altamente improbable nos muestra la forma en que la mayoría de las personas pasamos por alto las anomalías estadísticas con el fin de unificar modelos mentales o teorías apriorísticas explicativas de la realidad.

Nassim Taleb, comienza su obra explicando cómo en sus inicios la mayoría de ornitólogos estaban convencidos de que todos los cisnes eran blancos. No obstante, la visión del primer cisne negro muestra que nuestra observación empírica de la realidad basada en la experiencia es absolutamente frágil. Una sola observación que no estaba prevista puede desacreditar una teoría generalizada y acreditada a través de cientos y cientos de años de estudio y análisis.

Los cisnes negros son también un paralelismo, un símil que nos pone de frente con sucesos que aparecen de forma imprevisible y que cambian por completo el modelo de realidad que teníamos ya preconcebido. Los cisnes negros son, en primer lugar, una anomalía estadística; segundo, esta anomalía produce un impacto tremendo, pues nada de lo anteriormente observado podría concebir siquiera su posibilidad de existencia. Y tercero, generan probabilidad retrospectiva: la humanidad trata de concebir nuevos modelos explicativos de la realidad ante el suceso novedoso e impredecible.

Los cisnes negros posibilitan los avances en nuestro mundo de manera continua, cambiando la dinámica y la trayectoria de los acontecimientos futuros de forma radical. Desde la revolución industrial, pasando por el ascenso de Hitler hasta los atentados del 11-S. Todos ellos son sucesos impredecibles, que no estaban en el guion, y que sin embargo transforman por completo la realidad y la forma que tenemos de concebir el mundo. Estos sucesos son, en efecto, cisnes negros. Las tendencias, las ideas, las epidemias, la moda, los géneros artísticos, todos siguen esta dinámica de los cisnes negros. Y, sin embargo, el modelo científico parece ignorar estos sucesos. El modelo científico se presenta a sí mismo como una forma certera y predictible de analizar la realidad, como si sus fórmulas fuesen la receta para poder comprender y medir lo incierto. Pero nada más lejos de la realidad.

Existe una ceguera imperante en nuestras sociedades respecto a lo aleatorio, no somos capaces de percibir la existencia de los cisnes negros a pesar del gran impacto que tienen en nuestra forma de concebir el mundo. Tratamos de establecer modelos de predicción social, y ninguno de ellos tiene en cuenta la existencia de los cisnes negros. El impacto de estos cisnes negros no se agota en la mera transformación de la realidad, podemos ir un paso más allá y entender cómo se originan desde el materialismo histórico. La tesis será la siguiente: de lo material, a lo cultural, de lo cultural a lo ideológico. El materialismo histórico de Marx trata de explicar el desarrollo social y la historia a través de las condiciones materiales. Los cambios en las fuerzas productivas generan conflictos en las relaciones de producción y esto genera revoluciones y cambios sociales. Las apariciones de las revoluciones sociales son inseparables de los cambios materiales introducidos en el entorno por los cambios en las fuerzas productivas. Este es un ejemplo de cómo los cambios materiales producen cambios sociales o culturales en el entorno. Por material entendemos un conjunto de circunstancias físicas en las que los individuos se encuentran y que determinan los límites de lo que es físicamente posible. Por ejemplo, sería inconcebible una sociedad con una gastronomía enteramente vegana en el polo norte, porque las circunstancias materiales del entorno simplemente no lo permiten. Es decir, lo material, delimita lo cultural. A esto tenemos que añadirle, que lo cultural, delimita lo ideológico. Para demostrar esta tesis, no hay mejor ejemplo que pararnos a analizar cómo es que surgieron las sociedades agrícolas y ganaderas:

Las circunstancias materiales del entorno antes de la invención de la agricultura y la ganadería simplemente no permitían que un cambio de tal calibre fuese posible, pues los recursos eran limitados, y dependían exclusivamente de la caza, el saqueo a otras tribus y la recolección, repartiéndose de forma equitativa entre los miembros de la tribu, y dependiendo exclusivamente de la suerte a la hora de entrar en una nueva jornada. Este entorno material, sumado al clima frío del neolítico, es simplemente inadecuado para poder desarrollar un sistema tan sofisticado como la agricultura. Sin embargo, la aparición de una serie de anomalías en el seno de este paradigma material, posibilitaron que este cambio fuese posible. Una serie de cisnes negros aparecen dentro del paradigma, en este caso, un miembro de la tribu con una concepción distinta a la de los demás miembros de la tribu, decide expandir el territorio viajando hacia tierras más fértiles. Ello, sumado al desarrollo de nuevas herramientas, un clima más cálido y estable, el aumento de la población que obligaba a cambiar un modelo de vida social sedentario a otro más nómada, y la observación de que las semillas recolectadas tenían la posibilidad de germinar, posibilitaron el desarrollo de la agricultura. Este cambio cultural posibilitó a su vez la creación de nuevas jerarquías y normas sociales reestablecidas; en definitiva, nuevas estructuras sociales e ideologías basadas en la justicia retributiva. La agricultura y la ganadería permiten un ciclo de retroalimentación constante de los recursos que antes simplemente era imposible de concebir, y por ello la acumulación de recursos genera desigualdad social y diferencia de poder entre los grupos que ostentaban los recursos y los que no, de ahí que se conciba un nuevo modelo de justicia: la justicia retributiva. A su vez, se desarrollaron cultos y creencias relacionados con la fertilidad, así como el desarrollo del concepto de propiedad por el que las tierras y los recursos comenzaron a considerarse posesiones privadas, lo que más tarde daría lugar al origen del capitalismo moderno.

Es decir, la agricultura y la ganadería no solo cambiaron la forma en que se obtenían los recursos, sino que transformaron la organización social y las creencias e ideologías a través de las cuales los seres humanos comprendían el mundo. Siguiendo el esquema que hemos planteado, lo material (sistema basado en caza y recolección) dio paso a lo cultural (invención de la agricultura por un cambio de mentalidad de un cisne negro que apareció en el sistema), y lo cultural, dio paso a lo ideológico (jerarquización social, creencias y cultos establecidos, desigualdades y nuevos conceptos de propiedad). Si nos fijamos bien, la serie de casualidades que tuvieron que darse para que esto fuese posible era algo simplemente inconcebible antes de la invención de la agricultura. Son los cisnes negros que no estaban en el guion los que posibilitan todos estos cambios. Esto ha sucedido constantemente a lo largo de todas nuestras sociedades, y sin embargo parece que no le damos la suficiente importancia. El esquema es siempre el mismo, todo movimiento social puede trazarse atrás en el tiempo hasta un cambio material que permite manifestarse a un potencial cisne negro preexistente que no estaba en el guion.

La vida queda reducida a un efecto acumulativo de un puñado de impactos importantes que no estaban previstos. Si uno se para a pensar en su propia vida, en su entorno material, tecnológico, cultural, ideológico… y los comparamos con lo que se esperaba de ellos hace 15 años, ¿Cuántas de esas predicciones han resultado ser ciertas? ¿Cuántos se produjeron siguiendo un plan establecido? Nuestra incapacidad de predecir cisnes negros implica nuestra incapacidad de predecir el curso de la historia, y, sin embargo, actuamos como si fuésemos realmente capaces de predecirla. Hacemos proyecciones a 50 años vista del aumento del nivel del mar, del cambio climático o de los precios del petróleo sin concebir si quiera la posibilidad de que un cisne negro tire por la borda todas las predicciones hechas de forma apriorística. Nuestra incapacidad para predecir sucesos unido a la falta de conciencia de nuestra incapacidad para predecir sucesos implica que todos esos profesionales de bata blanca que se autodenominan “expertos”, aunque crean que lo son, no tienen ni la más remota idea de nada.

No somos capaces de predecir porque vivimos instaurados en la normalidad, no concebimos lo improbable precisamente porque es improbable que suceda. Si nos paramos a pensar, los supuestos expertos ¿podrían haber predicho la pandemia global del COVID – 19? La respuesta es no, jamás podrían haberla predicho porque simplemente la normalidad en la que estaban instaurados ni siquiera concebía la posibilidad de que algo así sucediera. Lo que los supuestos expertos no tienen en cuenta a menudo es que lo normal es sumamente irrelevante. Todo lo que concierne verdaderamente a la salud o a la vida social es producto de elementos trascendentales e imprevistos, y sin embargo todo lo que se estudia sobre la salud o la sociedad se centra en lo cotidiano. En el caso de la salud, nos centramos en las enfermedades comunes que conciernen a toda la población como el cáncer o los infartos, y en el caso de la sociedad nos centramos en los movimientos sociales, políticos y culturales más apremiantes como el desarrollo de la IA o la creación de un nuevo partido político. Pero nunca concebimos las grandes desviaciones.

Los cisnes negros se basan en la estructura de lo aleatorio, en la realidad empírica. La enseñanza que nos deja Nassim Taleb es que nuestro mundo está dominado por lo extremo, lo desconocido y lo improbable, y sin embargo seguimos empleando el tiempo en lo conocido. Debemos por tanto usar lo extremo e impredecible como punto de partida y no como una mera excepción improbable, pues de lo contrario, caeremos en la osadía de creernos capaces de generar modelos de realidad certeros y precisos, en un mundo tan cambiante donde el futuro será cada vez menos predecible. Si queremos evitar otro 11-S, quizá deberíamos centrarnos menos en generar modelos predictivos y más en estar atentos a lo anómalo, y actuar en consecuencia.

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